sábado, 10 de marzo de 2012

José Ventura Cabello (1809-1817)

    
        Monseñor José Ventura Cabello, fue el último Obispo de la diócesis de Guayana bajo el dominio de España.  Era oriundo de Cádiz y en calidad de Cura y Vicario residía en Angostura desde 1773.  Formó parte como canónigo  del Cabildo eclesiástico de la Diócesis cuando ésta fue creada en 1790. Tras el traslado a Caracas en 1798 del Obispo Francisco Ibarra, el padre José Ventura Cabello ejerció las funciones de Provisor Gobernador de la Diócesis en sede vacante,  hasta que tomó posesión  Monseñor García Mohedano.
La muerte de Monseñor García Mohedano, de quien fue provisor, favoreció su postulación como Obispo ante el Rey de España, la cual fue ratificada posteriormente, 8 de noviembre de 1805,  por la Santa Sede, pero debido a que Europa estaba convulsionada por la invasión napoleónica más luego los sucesos independentistas que sacudieron las provincias de Venezuela, Monseñor José Ventura   Cabello no fue preconizado sino en 1815, pero las Bulas jamás llegaron para su consagración.
Al igual que los prelados anteriores, abogó para que las misiones sostenidas por los capuchinos catalanes pasaran a jurisdicción del obispado. Las Cortes de Cadiz así lo acordaron en 1813 y Fernando VII lo confirmó en 1814, pero esto jamás se cumplió debido a las apelaciones de los misioneros y al grito de independencia.
            El grito de independencia el 19 de Abril de 1810 en Caracas repercutió favorablemente en la Provincia de Guayana derivando la renuncia del Gobernador Don Felipe Inciarte, quien no obstante haber tenido el mandato más dilatado de los gobernadores de la Colonia  -13 años- no logró una labor de resonancia como la de Centurión. Pero la adhesión de la Provincia de Guayana a la Junta Suprema de Caracas sólo duró 23 días, justo lo suficiente para que el Obispo  Monseñor Ventura Cabello  se movilizara y lograra reponer en el ayuntamiento a los Alcaldes y Regidores afectos a la Corona.
            En febrero de 1812 envió a las Cortes  de Cadiz un largo memorial en el cual exponía la difícil situación de la provincia y pedía protección toda vez que se hallaba asediada  por las fuerzas patriotas combinadas de Cumaná , Barcelona y Caracas.
            Después de Inciarte gobernaron la provincia José de Heres (padre del prócer de la independencia Tomas de Heres), Matías Farreras, Nicolás Ceruti y Lorenzo Fitz Gerald, el último (1817).
            Guayana permaneció bajo el dominio de los realistas hasta la campaña triunfal del General Manuel Piar que culminó con la Batalla de San Félix librada  el 11 de abril de 1817 y el sitio y toma de Angostura y los Castillos de Guayana la vieja.
            El Obispo José Ventura  Cabello, anciano y enfermo se vio obligado a padecer el sitio militar durante cuatro meses, lo cual agravó sus sufrimientos y en ese estado fue obligado a abandonar Angostura en la noche del 16 al 17 de julio de 1817,  en la goleta  Dolores, pero la nave encallo en un banco de arena en la desembocadura del Orinoco y tanto el Obispo como los canónigos de la Catedral, Felipe Ávila, Pérez Hurtado, un religioso observante y otros pasajeros, terminaron refugiándose con la ayuda de una lancha en la cercana isla de la Guacamaya donde el anciano Prelado expiro el 21 de agosto de 1817.
            En la edición 9 del Correo del Orinoco (22 de agosto de 1818) se publica la siguiente nota en la última página: “Ayer 21 del corriente celebró el Señor Provisor Gobernador del Obispado con asistencia del Clero de esta Capital el aniversario fúnebre del Ilustrísimo Señor Obispo electo de esta Diócesis, Don José Ventura   Cabello, que falleció el 21 de agosto del año pasado en la isla desierta de la Guacamaya. Este venerable prelado natural de Cádiz, gobernó por algunos años el Obispado sin haberse podido consagrar por la dificultad que había en comunicar con la Santa Sede para impetrar las Bulas. Sin embargo nos será siempre grata la memoria de sus virtudes, de su caridad, y de los servicios que hizo a este país, de donde lo arrancaron con violencia los Jefes Españoles, sin atender a su enfermedad y a su ancianidad. Por desgracia el buque en que iba , quedo varado en la barra, y tuvo que transportarse con varios sacerdotes y algunos emigrados a la isla inmediata de la Guacamaya, en cuyo desierto agravándose sus males, falleció naturalmente en medio de sus amigos, que lo asistieron como un Padre, suministrándole los socorros y la humanidad de su religión. Se le dio allí mismo sepultura celebrándose el oficio funeral con toda decencia y solemnidad que permitían las circunstancias, y observándose cuanto previene para estos casos el Sínodo Municipal. Debemos estas noticias al Señor Provisor, actual Gobernador de este Obispado, que lo acompañaba, y en cuyos brazos exhaló su último  aliento. No tardarán en trasladarse sus venerables restos a esta Santa Iglesia Catedral.
            Sin embargo de ser estos unos hechos de notoria evidencia y que pueden atestiguar varios emigrados realistas que actualmente se hallan en las Antillas, y otros que regresaron a esta capital, el impostor Gazetero o Gobierno de Caracas ha tenido la infame desvergüenza  de asegurar con toda la firmeza propia del descaro que el venerable Prelado fue sacrificado escandalosamente por el General Arismendi. El mismo Señor Provisor Doctor Remigio Pérez Hurtado, a cuyo juicio y virtud tributa aquella misma Gazeta (de 6 de mayo de este año) los elogios que le son debidos, testifica que el General Arismendi arribó a aquel punto cuando el Señor Obispo había perdido ya todo conocimiento, que se esmero en asistirle personalmente, y mostró el más vivo sentimiento  de que no hubiesen llegado a tiempo los remedios y socorros que le llevaba.
            En todas  las Gazetas del mundo se publican noticias falsas o equivocadas; pero se publican de buena fe, y el tono mismo de sus redactores indica a los que saben leer, no a todos los que leen, el grado de crédito que se les puede dar. Se tiene además el cuidado de informar mejor al público luego que se obtienen datos más positivos. Estaba reservado a los Españoles establecer una Gazeta, y Gazeta oficial, consagrada especialmente a la mentira, a la impostura, a toda especie de calumnias y de falsedades, y burlarse del mundo civilizado, solo por el empeño estólido de degradarnos. Probaremos en otro número que la Gazeta de Caracas se ha propuesto el plan de engañar y alucinar al Público, y lo sigue constantemente”.
El 8 de noviembre de 1817 el Jefe Supremo preocupado por “el cuadro tan lamentable de orfandad, confusión y amargura que presenta la Diócesis” como consecuencia de la muerte del Obispo electo José Ventura Cabello, convoca a los integrantes del Clero de la Diócesis para que se presenten en la Capital en el lapso de 50 días, deliberen sobre las necesidades de la Iglesia y nombren un  Superior eclesiástico la administre. (Simón Bolívar, Obras completas, Vol. III, pp657).
No  exactamente a los 50 días, sino a los 78, el Clero atendió al llamado del Jefe Supremo y se reunió en la Capital el 25 de enero de 1818. Ese mismo día designó Vicario Capitular Gobernador del Obispado al Pbro. Domingo Remigio Pérez Hurtado, quien ejerció la Vicaría hasta su muerte en 1822. Antes, el 28 de enero de ese año pronunció un discurso en la Plaza de la Catedral en la oportunidad de celebrarse solemnemente la publicación de la Constitución de la Gran Colombia. Entonces dijo: “Nunca pueden ser los hombres más felices que cuando son iguales ante la Ley” (Correo del Orinoco 126, pp.1)

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