viernes, 9 de marzo de 2012

José Manuel Arroyo Niño (1857-1884)


            El quinto Obispo de la Diócesis de Guayana, doctor José Manuel Arroyo Niño y Ladrón de Guevara, fue preconizado por el Papa Pío IX el 20 junio de 1856 y su consagración tuvo lugar en Caracas por el Arzobispo Silvestre Guevara y Lira. Se posesionó de la Diócesis el 14 de julio de 1857.
            Nacido en Carora, Estado Lara, el 9 de abril de 1814, hijo de José Julián Arroyo y de María Rosalía Niño Ladrón de Guevara.  Realizó sus primeros estudios en su ciudad natal y luego pasó a la Universidad Central donde se graduó  de doctor en Teología.  En la misma universidad ejerció las cátedras de filosofía y teología.  Actuó como sacerdote en las poblaciones de Turmero, Maracay, Cagua y Santa Cruz y en 1843 se le dio en propiedad el curato de San Agustín de Guacara.
En 1845 se le trasladó a Valencia como Vicerrector del Colegio Nacional y posteriormente pasó a ser  Rector del Seminario de Caracas.  Antes de ser postulado para ocupar la silla de la Diócesis de Guayana, se desempeñaba como Canónigo de la Catedral caraqueña.
            La Diócesis de su gobierno estaba bien provista de sacerdotes y con reservas en el Seminario de Caracas, pero 18 meses después cuando estalló la Guerra Federal en Coro con repercusiones en toda Venezuela, el Clero comenzó a debilitarse por los continuos alzamientos en los pueblos de la jurisdicción y por la eliminación de los 2 mil pesos que asignaba el Estado para los estudiantes seminaristas. Monseñor Arroyo pensó entonces en la creación de un Seminario en la capital de la Diócesis y logro que el Congreso Nacional lo decretara el 21 de mayo de 1867, pero dificultades económicas y de otra índole lo impidieron. No será sino en 1830 ya bajo el obispado de Monseñor Mejía cuando este viejo y ansiado sueño del episcopado materializará.
            Sin embargo, el Obispo pudo amasar algunos recursos para la construcción de la Capilla de San Isidro y La Trinidad, más los Templos de Maturín, Soledad, San Diego de Cabruta, Pozuelos, Caicara de Orinoco, San Joaquín y El Chaparro, además de reparar otros existentes. Asimismo canceló la hipoteca de 2 mil pesos que pesaba sobre la Casa Episcopal.
            Pero el Obispo Arroyo cometió una debilidad recriminada por Su Santidad que fue la de haber aceptado el nombramiento que hizo  en su persona  el Congreso Nacional en la sesión del 24 de mayo de 1874 para Arzobispo de Caracas a raíz de la expulsión de su titular Monseñor Silvestre Guevara y Lira, opuesto al Gobierno de Guzmán Blanco, quien declaró independiente del Episcopado Romano a la Iglesia de Venezuela y pidió al Congreso ordenase que los sacerdotes parroquiales fueran elegidos por el pueblo, el Obispo por los rectores de la parroquia y los Arzobispos por el Congreso.
            Guzmán Blanco tan pronto llego al poder comenzó por expulsar a los jesuítas y luego le siguieron los frailes  y las monjas. Todas las propiedades de la Iglesia fueron confiscadas y se abolieron las escuelas parroquiales, la ceremonia civil fue declarada la única forma legal de matrimonio, se suprimió toda clase de subsidios tanto a la Iglesia como a sus ministros y se ordenó el cierre de los Seminarios de la Republica.
            Monseñor Arroyo y Niño, falleció en Caracas el 30 de noviembre de 1884. La oración fúnebre estuvo a cargo  del Pbro. Manuel Felipe Rodríguez, en la Santa Iglesia Metropolitana, en presencia del entonces Presidente de la Republica General Joaquín Crespo. Dice González Guinand en su Historia Contemporánea de Venezuela que “cuando se celebraban las honras fúnebres al Ilmo. doctor Arroyo y Niño, me encontraba sentado como Ministro de Relaciones Interiores al lado del Presidente, y en cierto momento en que el Pbro. doctor. Rodríguez se expresaba con su acostumbrada elocuencia, le dije: No cree usted que este orador es el digno sucesor del ilustre muerto? El General Crespo me contesto: Precisamente le iba a decir lo mismo”.
            A la intervención oportuna de Monseñor José Manuel Arroyo y Niño, 12 de abril de 1968, Domingo de Resurrección, se debió que Guayana no se ensangrentara por la reacción violenta del movimiento político Sociedad Liberal contra el Gobierno de Juan Bautista Dalla Costa tras el incidente de quemar un Judas con una bandera azul y un letrero que decía “Guayana Impasible”, alusión burlesca a la columna que escribía el general Agustín Contasti en el diario “El Boletín Comercial” que combatía al Gobierno de Falcón justificando la Revolución de los Azules.
            A este Obispo de Guayana también se le atribuye la publicación titulada “Nacimiento y educación del general Manuel Piar” en la que da cuenta que la partida de bautizo del héroe de San Félix fue encontrada en el archivo del Convento de la Madres Concepciones de Caracas y que Guzmán Blanco hizo destruir.

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